Publicado:
Cristian Frers Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Co
Autor:
Cristian Frer Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Co
En la actualidad, existe un
motivo común de inquietud, es el hecho que las actividades humanas han reducido
la diversidad biológica a escala mundial, nacional y regional y que esta
tendencia no ha mostrado signos de modificarse. Esto se manifiesta en la
pérdida de poblaciones de animales y vegetales, en la extinción y agotamiento
de los recursos y en la simplificación de ecosistemas y comunidades.
Un problema frecuente es la
falta de información básica sobre los recursos de cada nación o región, muy
pocas tienen inventarios o estudios biológicos básicos y muchas carecen de un
simple mapa ambiental del área. La mayoría carecen de planes de gestión
específicos o adolecen de falta de medios económicos y personal especializado,
aparte de una escasa organización institucional. Es por esto, se requieren
estrategias adecuadas en materia de planificación y manejo de recursos, que
permitan por un lado revertir la degradación de los ecosistemas y por el otro
asegurar el aporte que estos hacen al bienestar humano.
La extinción de especies
vegetales y animales es uno de los síntomas más preocupantes, ya que constituye
un proceso irreversible que nos priva para siempre de un material genético
único e irremplazable del que tal vez ni siquiera sepamos aún que aplicaciones
prácticas podrá tener en beneficio de la misma humanidad que los destruye. Este
tal vez sea el concepto más fácil de comprender en el mundo materialista e interesado
en que habitualmente nos movemos, pero no es el único motivo que aconseja la
conservación de especies. Efectivamente ya tendría que bastarnos el solo hecho
de no alterar sustancialmente la delicada trama que une a los seres vivos entre
sí, y que nos recuerda que cada especie ocupa un nicho ecológico peculiar que,
con su extinción, o bien queda vacante o es ocupado por otras especies más
ubicuas. Con lo cual se simplifican o desaparecen cadenas alimenticias
singulares, y como si esto fuera poco, el solo derecho a coexistir en el
planeta Tierra en las especies vegetales y animales debería erigirse como el
principal argumento para evitar la extinción por todos los medios.
La preocupación no viene por el
hecho de que desaparezca alguna especie, sino porque se teme que estamos
asistiendo a una masiva extinción. Lo que preocupa, y muy seriamente, es la
posibilidad de provocar una catástrofe que arrastre a la propia especie humana.
Los organismos que han habitado
la Tierra desde la aparición de la vida hasta la actualidad han sido muy
variados. Los seres vivos han ido evolucionando continuamente, formándose
nuevas especies a la vez que otras van desapareciendo. Se calcula que sólo
sobreviven en la actualidad alrededor del 1% de las especies que alguna vez han
habitado el planeta.
Si calculamos la tasa de
extinción de este momento, basándonos en los números de especies por área,
teniendo en cuenta la pérdida de bosques tropicales (aproximadamente 1/3 en los
últimos 40 años), se extinguen 50.000 especies por año (sólo 7.000 de ellas
conocidas). Esto representa 10.000 veces la tasa natural de extinción y
significa un 5% del total de especies por década. De mantenerse estos números,
a fines del siglo XXI habrán desaparecido dos tercios de las especies de la Tierra.
Es necesario tomar medidas y
realizar acciones decisivas para conservar y mantener los genes, las especies y
los ecosistemas, con miras a una gestión y utilización sostenible de los
recursos biológicos. El gobierno nacional, los gobiernos provinciales y las
municipalidades debían emprender un camino conjunto en preocura de establecer
metas que posibilitaran un mejor conocimiento de la realidad biológica y el
diseño de estrategias adecuadas para que se pudieran utilizar en forma
sostenida los recursos. En este sentido, es importante implementar planes y
programas que desarrollaran la evaluación, el estudio y la observación
sistemática de la biodiversidad. Algunas de las medidas a tener en cuenta,
serían:
· Promocionar un desarrollo económico ambientalmente
adecuado, en base al uso sostenible de los componentes de la biodiversidad,
fomentando la participación del sector privado y público para estos fines.
·
Fortalecer la coordinación entre las partes
interesadas, así como el fomento a las normas y prácticas comerciales que
promuevan la utilización sostenible de la diversidad biológica.
·
Obtener recursos financieros y promoción de la
participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la
utilización de la diversidad biológica, incluyendo bienes y servicios
ambientales.
·
Seleccionar y seguir proyectos referidos a:
identificación y valorización de los componentes de la biodiversidad,
rehabilitación y restauración de ecosistemas degradados, entre otros.
·
Asegurar que todo uso de especies y de
ecosistemas sea sustentable.
La Argentina como integrante de
esta misma nave espacial, el planeta Tierra, donde los hombres crean frontera y
la naturaleza se encarga de eliminarlas, no ha permanecido al margen del
problema de la extinción, que si bien no alcanzó características catastróficas,
se agudiza día a día. Falta la toma de una real conciencia pública de la
cuestión por parte de todos los sectores para que realmente se pegue un giro
brusco de timón que nos aleje del peligro de perder en los próximos años los
más significativos exponentes de nuestra flora y fauna autóctona.
Por suerte, la inmensidad del
país y las vastas extensiones que cubren la mayor parte de sus ambientes
naturales han permitido aún salvaguardar en nuestros días la mayoría de
nuestros exponentes florísticos y faunísticos, aunque estamos lejos ya de
aquella idea de virginidad ambiental que imperaba hasta hace pocos años. Estos
recursos han sido aprovechados irracionalmente en los últimos 50 años, causando
la pérdida de un alto porcentaje de sus componentes. Lo más lamentable, es que
se desconocen las verdaderas potencialidades que los ecosistemas albergan en su
integridad.
Argentina presenta una
diversidad natural y cultural extensa y variada que debe conocerse y
preservarse para estas generaciones y las futuras. Se deben integrar en los
procesos de desarrollo a todos los sectores y actores sociales que estén
involucrados, con el fin de respetar la identidad cultural de cada región. La
utilización-conservante de los recursos biológicos y genéticos que diferentes
biomas contienen, desempeñará un papel primordial a la hora de establecer las
pautas de mejoramiento progresivo de las condiciones socioeconómicas que
nuestra población posee.
El principal beneficio de la
biodiversidad no es el uso directo de las especies, sino el funcionamiento
equilibrado de los ecosistemas. La provisión de agua potable, la regulación del
clima, el control de la erosión y de la desertización, la fertilidad de los
suelos, el reciclaje de nutrientes, el combate a las plagas, el mantenimiento
de los pastos, la renovación de la pesca y el tratamiento de desechos, así como
otros servicios ambientales intangibles del tipo de prevención de desastres
naturales, las opciones para el ocio y el turismo o la propia capacidad de la
naturaleza para regenerarse, todos dependen de las funciones del planeta, de
mantener las funciones básicas de unos ecosistemas que han encontrado su
equilibrio a lo largo de los siglos. Todos los niveles de biodiversidad están
relacionados entre sí. No es posible concentrarse en mejorar el rendimiento de
las cosechas sin tomar en cuenta la fertilidad del suelo, malezas, plagas,
patógenos y animales polinizadores. La tala de árboles, la desecación de
humedales, la fumigación en laderas, entre otros, pueden significar impactos
irreversibles sobre el ambiente y su aprovechamiento. Conservar la
biodiversidad significa saber gestionar la naturaleza de una forma sostenible,
para nosotros y para las futuras generaciones.
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